No le explicaron como funcionaba, pero necesitó poco tiempo para darse cuenta de que los verbos amar y agonizar son uno solo.
Invadida de agonía, atea rezaba para que sus huesos dejarán de clavarse en su piel.
Le dolía su presencia, pero le asfixiaba su ausencia.
No me mires. Pero.... no dejes de mirarme, nunca.

Ella solo podía esperar malas noticias. Sin embargo, la nada no estaba en sus planes, fue demasiado para ella.

El desinterés.
La ansiedad.
El desasosiego.
La desidia...

Jamás en tu pensamiento me encuentro. Quizá será porque mi mente está repleta de ti siempre.

¿Dónde me encuentro yo?





Pd: siento las entradas del blog anteriores, nunca fue ni será mi intención que este blog fuese un diario. Así que las eliminé, pero seguimos. Siempre he tenido muchas cosas en la cabeza y necesito más que nunca sacarlas de mí alma.